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Plan de trabajo del Valencia CF

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jueves, 5 de septiembre de 2013

ANTONIO BARRAGÁN: LA PERLA QUE NO HA TERMINADO DE EXPLOTAR

El jugador gallego aún no ha encontrado un sitio en el once titular del equipo ché desde su llegada hace un par de temporadas. No obstante, Miroslav Djukic siempre le ha mostrado su confianza y predisposición tanto en el poco tiempo que le dirigió en Valladolid como ahora en su nueva etapa entrenando a los valencianistas
 

Antonio Barragán es un futbolista que ocupa la demarcación de lateral derecho en el terreno de juego. A sus 26 años, es un profesional que se ha ido formando y consolidando en diferentes equipos como el Liverpool, el Deportivo de la Coruña o el Real Valladolid. En el Valencia le está costando hacerse un hueco entre los integrantes más representativos de la primera plantilla, pero sus grandes cualidades le aportarán sin lugar a dudas alguna oportunidad para convencer a la afición y al cuerpo técnico de Mestalla tarde o temprano.
 
Formado en las categorías inferiores del Sevilla Fútbol Club, ha sido siempre un defensor que ha convencido a todos y cada uno de los preparadores que le han entrenado. Es verdad que no en todos los clubes en los que ha militado ha brillado con la misma claridad, pero lo que es innegable es que estamos ante un jugador que está llamado a dar un salto de calidad a lo largo del presente curso futbolístico. De momento parte como suplente en el primer equipo del Valencia, por detrás del intratable João Pereira, aunque la temporada es muy larga y al final acabará contando con los minutos de los que apenas pudo disfrutar durante la pasada campaña.
 
Comienzos en Sevilla y periplo en Anfield
 
El primer episodio de su activa trayectoria deportiva tuvo lugar en Sevilla, concretamente en el filial del conjunto hispalense. En el transcurso de la temporada 2004/2005 se vieron detalles y aspectos bastante interesantes y destacados en el juego de Barragán, sobre todo en lo que a su disciplina y gran disposición táctica se refiere, por lo que algunos equipos empezaron a fijarse en las andaduras del joven zaguero. El jugador siguió encandilando tanto a propios como extraños a lo largo de dicho año, por lo que las ofertas no se hicieron de rogar y pronto empezaron a desfilar por las oficinas del Estadio Sánchez Pizjuán. Con tan sólo 18 años, Antonio decía adiós a su localidad de residencia, Sevilla, pese a ser gallego de nacimiento, para embarcarse en un exigente a la par que llamativo proyecto futbolístico como era el del Liverpool.
 
La nave de la disciplina inglesa estaba comandada por un español, concretamente por Rafa Benítez, quien desde el primer día demostró su entera disposición a contar con la joven perla de la cantera sevillista. Antonio Barragán empezaría ejercitándose con los reservas del cuadro británico, en el filial para ser más exactos, pero el técnico madrileño habló con él en varias ocasiones para reconocerle su buen hacer y su gran labor desde su llegada a Anfield. De esta forma, el lateral empezó a contar en los planes de su entrenador para entrenarse con los integrantes del primer equipo y disfrutar de sus primeros minutos en la Premier League y hasta en competición europea. Por lo que el futbolista se encontraba como en una nube y viviendo una etapa con la que había soñado desde bien pequeño: llegar a formar parte de un equipo grande como el Liverpool y jugar al lado de flamantes estrellas como Steven Gerrard, Jamie Carragher o su compatriota Xabi Alonso, quien en su breve estancia en el equipo se había convertido en uno de los integrantes de la plantilla más queridos por la grada de The Kop.
 
Sin embargo, Barragán no vio cumplidas sus expectativas de entrar en los planes habituales de Benítez a lo largo de su primer curso en el Reino Unido. Este hecho le obligó a replantearse su situación en Liverpool y, tras meditarlo con paciencia y buscando en todo momento lo más conveniente para él y la entidad inglesa, el jugador decidió dar por finalizada su etapa en Anfield y marcharse rumbo a su tierra natal, Galicia, para ponerse bajo las órdenes de Joaquín Caparrós en el Deportivo de la Coruña. De esta forma, el de Pontedeume se garantizaría una mayor presencia e importancia en el club coruñés de la que había gozado en su anterior equipo, teniendo además la oportunidad de debutar con los blanquiazules en la máxima categoría del deporte rey en nuestro país.
 
Buenos destellos en Riazor
 
El técnico utrerano era consciente de las dotes y aptitudes de Antonio porque le había seguido en su época de formación en las categorías inferiores del Sevilla, un hecho que facilitó en gran medida la llegada del jugador a la entidad deportivista. La ilusión y las ganas que el gallego tenía de demostrar su auténtica valía, unidas a la experiencia y el aval que había obtenido Caparrós en los anteriores clubes a los que había dirigido, especialmente durante su etapa como preparador del cuadro de Nervión, hacían presagiar que la fusión de ambas figuras en un mismo proyecto iba a ser realmente fructífera y exitosa.
 
El primer año en el conjunto deportivista fue bastante productivo y provechoso en líneas generales, debido a que Barragán debutó en el encuentro inaugural del campeonato liguero y sumó un total de quince participaciones más en la competición doméstica, junto con los seis choques que disputó en la Copa del Rey. Todos y cada uno de los compromisos que afrontó el defensa defendiendo la elástica blanquiazul dieron muestras de lo que sería capaz a lo largo de los siguientes años, cuando se fuera consolidando como un jugador de enormes garantías y una experiencia y madurez que el transcurso de las jornadas y las temporadas deberían darle con el tiempo para pasar de ser una promesa a convertirse en una realidad.
 
En dicho curso futbolístico, el 2006/2007, Antonio Barragán fue una de las piezas más importantes del engranaje técnico y táctico que Joaquín Caparrós organizó nada más arribar en tierras gallegas. El tímido pero valiente zaguero consiguió con su descaro entrar en el once inicial del técnico sevillano en varias situaciones, incorporándose incluso con gran proyección al ataque para anotar dos goles en el transcurso de la temporada, en los que dejó patentes cuáles eran sus principales bazas y armas para desarbolar a sus diferentes rivales.
 
El primer tanto se lo marcó al Getafe, evidenciando que poseía un magnífico disparo y un temple al alcance de muy pocos para controlar el cuero, visualizar el terreno de juego al completo para comprobar si había algún compañero desmarcado al que cederle el esférico o, en caso contrario, adentrarse en las inmediaciones del área rival para perforar la red de su oponente como así ocurrió en el duelo frente al cuadro azulón. El otro gol se lo anotó a la Real Sociedad, esta vez dando muestras todavía más palpables de su facilidad e inclinación para unirse a las acciones ofensivas de su equipo, llevando a cabo una serie de triangulaciones y combinaciones que terminaron por desesperar al rival hasta lograr la merecida recompensa de la diana conseguida. Una magnífica obra de arte en la que se internó en el área de los txuri-urdines, se zafó de la presión de los contrarios que le salieron a su paso y superó al guardameta vasco gracias a un chut seco y cruzado.
 
Grave lesión y llegada a Valladolid
 
Después de las excelentes sensaciones que había dejado en la afición de Riazor en el desarrollo de su primera campaña como jugador deportivista, el siguiente año de Barragán en La Coruña estuvo marcado por más sombras que luces a raíz de la marcha de su entrenador de confianza, Joaquín Caparrós, y la posterior llegada de un técnico con el que nunca llegó a congeniar y que le llevó a acabar con tiranteces su hasta el momento bonita etapa en el Dépor. Se trataba de Miguel Ángel Lotina, quien no mostró la misma predisposición a hacerle un asiduo de sus disposiciones tácticas en el terreno de juego como el de Utrera, haciéndole jugar tan sólo un total de doce encuentros entre las dos competiciones que los herculinos disputaron en la temporada 2007/2008.
 
Aunque lo peor de todo fue, sin ningún atisbo de duda, la grave lesión que el jugador sufrió en el partido disputado el 20 de abril en el Reyno de Navarra ante Osasuna. Antonio se rompió los ligamentos de la rodilla de su pierna derecha, lo que provocó que guardara un largo y duro periodo de rehabilitación para recuperarse y volver a jugar con la disciplina deportivista una vez que su rotura estuviera totalmente sanada. A pesar de los esfuerzos constantes de los servicios médicos de la institución gallega por agilizar los plazos del lateral diestro para unirse de nuevo al resto de sus compañeros, la operación se complicó más de lo previsto y tuvo que perderse la pretemporada del próximo curso. Este hecho propició que el presidente del Deportivo de la Coruña, Augusto César Lendoiro, tomara la complicada y polémica decisión de no inscribir al futbolista con ficha para la siguiente temporada, lo que causó de inmediato un gran revuelo entre toda la parroquia blanquiazul y el consiguiente enfado del propio jugador.
 
Antonio Barragán optó entonces por presentar una denuncia con la pretensión de que el contrato que le mantenía vinculado con la entidad gallega fuera rescindido en ese instante, para de esta manera poder buscar una solución a su problema y conseguir un equipo que le proporcionara la confianza necesaria para incorporarse a sus filas, ayudando con ello en la medida de lo posible a satisfacer las exigencias tanto del profesional como del club que deseara hacerse con sus servicios. El juicio se resolvió finalmente a su favor, por lo que el Dépor y el zaguero trataron de buscar una salida lo más conveniente posible con el objetivo de acabar el entuerto de forma pacífica y sin fisuras. Tras un largo tiempo negociando con diversos equipos que habían mostrado un gran interés en fichar al joven defensor, el Real Valladolid fue quien acabó resultando el mejor postor y obtuvo el beneplácito de los blanquiazules para que Barragán diera el visto bueno a la nueva aventura que estaba a punto de experimentar.
 
A su llegada a la capital de Castilla, el deportista reconoció que estaba dispuesto y preparado para iniciar un “nuevo, bonito y atractivo ciclo”. Pese a ello, él mismo se mostró prudente en su presentación con la casaca albivioleta debido a que era sabedor que el lateral derecho titular del cuadro pucelano era Pedro López, un jugador que contaba con la confianza total del entrenador de la institución castellana por aquel entonces, José Luis Mendilíbar. Aunque el técnico vizcaíno se mostró muy contento con la adquisición que el presidente blanquivioleta, Carlos Suárez, acababa de realizar con Antonio, puesto que el flanco diestro era uno de los puestos que menos efectivos tenían los vallisoletanos para afrontar el comienzo del curso 2009/2010
 
Gris etapa en Pucela y rumbo a Mestalla
 
Barragán no consiguió hacerse un fijo para los planes de los diferentes preparadores que dirigieron al Real Valladolid en su andadura como jugador albivioleta, viviendo además el fatídico descenso que experimentaron los castellanos en la primera temporada del defensor a orillas del Pisuerga. Los pucelanos se enfrentaron en la última jornada del campeonato liguero al Barça en el Camp Nou, sucumbiendo con contundencia ante una máquina de hacer fútbol como era el cuadro liderado por Pep Guardiola, que a la postre acabaría alzándose con el trofeo de campeón. A pesar del duro varapalo sufrido al tener que abandonar la categoría de oro del fútbol español, la plantilla se rehízo inmediatamente y afrontó el reto de regresar a la Liga BBVA con una ilusión y una entereza realmente asombrantes.
 
Antonio Barragán no cesó en su intento de hacerse un sitio en el once titular de la entidad castellana, pero el cuerpo técnico siguió apostando por Pedro López en la demarcación de carrilero diestro de cara a afrontar la siguiente temporada con las expectativas más altas que los pucelanos se podían permitir. Fue un año muy bueno para los intereses del club y del propio jugador, quien acabó convirtiéndose en uno de los integrantes del primer equipo que más oportunidades tuvo partiendo desde la suplencia. Tan sólo faltó por lograr el ansiado ascenso, debido a que los blanquivioletas se quedaron a las puertas tras caer contra el Elche en una eliminatoria a doble partido en la que los pupilos por aquel entonces de Abel Resino plantaron cara a su rival hasta el pitido final del colegiado.

Con la llegada de Miroslav Djukic al banquillo del Real Valladolid, y después de la marcha de Pedro López al Levante, se esperaba que Barragán subiera un peldaño más como miembro de la primera plantilla y se convirtiera en uno de los fijos del técnico serbio en el transcurso de la campaña 2011/2012. Aunque cuando todo parecía ponérsele de cara al gallego para seguir defendiendo los colores de los castellanos, se hizo oficial el principio de acuerdo que había firmado la entidad pucelana con el Valencia para que el lateral cambiara de aires. Se trataba de una noticia que pilló completamente por sorpresa a la afición del Nuevo Estadio José Zorrilla, la cual empezaba a preguntarse quién sería el encargado de ocupar la demarcación que dejaban vacante Pedro López y Barragán. El coruñés se comprometió con el cuadro valencianista hasta el 30 de junio de 2015, mientras que los albivioletas percibirían alrededor de dos millones de euros (1,8) por el traspaso del canterano hispalense al litoral mediterráneo. En su periplo a orillas del Pisuerga, el futbolista disputó un total de 49 choques en los que colaboró de forma muy activa llegando a marcar hasta un tanto con la elástica blanquivioleta.
 
Nada más llegar a Valencia, la hinchada ché empezaba a preguntarse si Antonio Barragán podría convertirse en un recambio de garantías para Miguel Brito, quien parecía tener pie y medio fuera de la entidad valencianista después de un controvertido verano en el que el zaguero portugués se había caracterizado por destacar más por sus acciones fuera de los terrenos de juego que por demostrar sus grandes cualidades técnicas como profesional. Aun así, el luso fue el jugador por el que se decantó Unai Emery para defender los intereses del cuadro de Mestalla en la mayor parte de la temporada, por lo que Barragán tuvo que seguir luchando para hacerse notar en las disposiciones tácticas del entrenador vasco.
 
Durante el siguiente curso futbolístico, el 2012/2013, contó con más confianza por parte del cuerpo técnico, primero con Mauricio Pellegrino y después bajo las órdenes de Ernesto Valverde tras la destitución del preparador argentino con motivo del escaso rendimiento que tuvo el equipo durante su estancia en el banquillo valencianista. Sin embargo, únicamente ha gozado de 921 minutos vistiendo la camiseta ché, superando tan sólo al canterano Gayá que aún no ha podido estrenarse con el Valencia en Primera. El lateral gallego no ha conseguido adaptarse a su nueva casa como se esperaba, pero con el fichaje de Djukic como nuevo técnico valencianista se prevé que Antonio Barragán pueda llegar a contar con la convicción suficiente para demostrar a todo el mundo cuáles son sus bazas más llamativas para jugar a esto del balompié.

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