Detrás del caso Juan Bernat y del fichaje de Albert Dalmau asoma un germen que amenaza con crecer. No quiero ni imaginármelo...
A las doce y cinco de la noche del miércoles pasado, es decir, jueves ya uno de septiembre, recibí un mensaje al móvil que me sacó de mis estresantes pensamientos televisivos. Incapaz de conciliar el sueño, mi cabeza seguía dándole vueltas y más vueltas a qué pasará cuando el lunes que viene el realizador me diga aquello de «¡Hablando Carlos…!», que es la señal tras la que uno debe dirigirse a la cámara y hablar como si estuviera charlando con un colega, lo que pasa que lo que tienes delante es una cámara de televisión fea como una jirafa vista muy de cerca. Por una vez y sin que sirva de precedente agradecí que la BlackBerry sonara como una especie de rana despatarrada y avisara de que algo había llegado a sus entrañas; sms, correo electrónico, Twitter, Whats App o Blacberry Messenger, que de todo tiene la condenada. «Dalmau ya está cerrado, salgo ahora de la Ciudad Deportiva. Ha costado mucho ficharlo pero ha merecido la pena» decía el mensaje. Y me dejé llevar porque mejor pensar en eso que martirizar constantemente a la neurona preguntona con los nervios del estreno televisivo en el Supermurciélago.
Estaban todos
Indagando días después supe que el fichaje de Albert Dalmau esconde algo que la gente debe saber, y que si como supongo, supone verdaderamente el principio de la historia que yo creo que supone, lo mismo estamos ante un cambio en la manera de proceder del Valencia, y los que nos dedicamos a contar lo que pasa alrededor del equipo blanquinegro, no nos hemos enterado de nada. ¡Qué bueno!
Suponga que supongo
Si nos atrevemos a suponer más y damos por sentado que lo de Dalmau no es más que la continuidad del caso Bernat, la cosa toma tal color, que me salta una lágrima de alegría. Llegados a esta línea de este artículo de opinión escrito con las mil manos de una sola mano y con toda la prisa del mundo porque me muero de ganas de irme a casa, me doy cuenta de que he puesto más sentimiento que datos, y que probablemente nadie tenga ni la más remota idea sobre qué estoy escribiendo. Ahí van lo datos pues: Ese día, el coordinador de la secretaría técnica del Valencia, salió de la Ciudad Deportiva a las once de la noche porque quiso poner su granito de arena para que Dalmau fuera valencianista. Dicho de otra manera, Dalmau no es una fenomenal operación de la secretaría técnica de la escuela de fútbol base del Valencia —si les digo cuánto ha costado se mueren de gusto—. No es eso, es mucho mejor. El fichaje de Dalmau es la prueba palpable del trabajo codo con codo de dos departamentos del club.
¡Qué lío!
Con esto no trato de hacerle la pelota a nadie ni tampoco intento decir entre líneas que el Valencia ya ha solucionado su problema con la cantera, o al menos ese que decía que el fútbol base es una especie de Reino de Taifas y que los de arriba nunca se acuerdan de los de abajo, los de abajo jamás trabajan pensando en lo que piensan los de arriba y que al final si salen jugadores buenos es por la pura inercia de ser un equipo grande. No lo sé, de verdad. Lo que sí sé es que si Bernat es ahora futbolista del primer equipo es porque alguien de abajo convence a otro de arriba y porque el de arriba se fía de lo que dice el de abajo. También sé que si uno de arriba se va a las once de la noche a casa por estar con los de abajo —pudiendo irse a las siete—, es porque todos, los de arriba y los de abajo, trabajan juntos y con gusto. Que siga la fiesta.
http://www.superdeporte.es/carlos-bosch/2011/09/03/villarriba-villabajo/137763.html



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