Julián Montoro
Si el Valencia tiene una línea de ataque brillante y con alternativas pero no consigue que les llegue el balón en condiciones, tenemos un problema.
Cuando uno llega a Anfield lo menos que se puede esperar es esa salida del Liverpool a la inglesa, directa, asfixiante, metiendo balones al área una y otra vez esperando el rechace, el fallo. Entre eso y que el capitán —involuntariamente, claro— les regaló el primer gol, al Valencia se le puso cuesta arriba el partido, pero mucho más al comprobar que la reacción era más bien tímida, que la falta de agresividad era evidente y que todas las carreras las ganaban ellos. Será por el efecto de las dobles sesiones de trabajo o porque la puesta a punto de los ingleses es superior, pero el Valencia casi nunca dio sensación de poder con este toro y ofreció más bien pocas alegrías a sus seguidores en esta tarde de agosto. Con todo, si algo sacó a relucir de una manera insultante el Liverpool en este partido fue la dificultad —por no decir imposibilidad— del equipo de Unai para sacar el balón desde atrás, para ponerlo al servicio de su brillante línea de ataque de manera rápida y eficaz. Ese central o lateral derecho o ambas cosas que tcon tanto ahínco busca el Valencia tendrá que ser necesariamente muy bueno con el balón, además de aplicado en defensa.
Los dos clubes de su vida
Rafael Benítez, oculto en un palco privado en lo más alto de Anfield, contemplaba el choque entre dos de los clubes de su vida. A uno lo hizo campeón de liga dos veces y también de la UEFA, con el otro ganó la Champions. Casi todo lo que puede soñar un entrenador. Pudo comprobar que de su Valencia casi nada queda, y de su Liverpool cada vez menos. Después de no haber podido consolidar su tercer proyecto en el Inter, ¿cuál será el próximo?
http://www.superdeporte.es/julian-montoro/2011/08/07/balon-sale-dificil/135409.html
Si el Valencia tiene una línea de ataque brillante y con alternativas pero no consigue que les llegue el balón en condiciones, tenemos un problema.
Cuando uno llega a Anfield lo menos que se puede esperar es esa salida del Liverpool a la inglesa, directa, asfixiante, metiendo balones al área una y otra vez esperando el rechace, el fallo. Entre eso y que el capitán —involuntariamente, claro— les regaló el primer gol, al Valencia se le puso cuesta arriba el partido, pero mucho más al comprobar que la reacción era más bien tímida, que la falta de agresividad era evidente y que todas las carreras las ganaban ellos. Será por el efecto de las dobles sesiones de trabajo o porque la puesta a punto de los ingleses es superior, pero el Valencia casi nunca dio sensación de poder con este toro y ofreció más bien pocas alegrías a sus seguidores en esta tarde de agosto. Con todo, si algo sacó a relucir de una manera insultante el Liverpool en este partido fue la dificultad —por no decir imposibilidad— del equipo de Unai para sacar el balón desde atrás, para ponerlo al servicio de su brillante línea de ataque de manera rápida y eficaz. Ese central o lateral derecho o ambas cosas que tcon tanto ahínco busca el Valencia tendrá que ser necesariamente muy bueno con el balón, además de aplicado en defensa.
Los dos clubes de su vida
Rafael Benítez, oculto en un palco privado en lo más alto de Anfield, contemplaba el choque entre dos de los clubes de su vida. A uno lo hizo campeón de liga dos veces y también de la UEFA, con el otro ganó la Champions. Casi todo lo que puede soñar un entrenador. Pudo comprobar que de su Valencia casi nada queda, y de su Liverpool cada vez menos. Después de no haber podido consolidar su tercer proyecto en el Inter, ¿cuál será el próximo?
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