La puerta de atrás del Valencia no para de abrirse y de cerrarse en estas últimas horas previas al cierre de mercado. Es por esa puerta por donde se marchó el viernes Manuel Fernandes a Milán para fichar hasta junio y es por ahí por donde regresa ahora el mismo jugador después de que el Inter haya echado abajo la cesión argumentando una lesión en la rodilla. Por esa puerta desfila también Del Horno, que se marcha lo que resta de temporada a Valladolid para demostrar, aunque sólo sea una mínima parte, que su cotización como jugador no está en la bancarrota.
Lo más curioso de este doble capítulo que protagonizó ayer el Valencia fue la forma en la que se fueron desarrollando los acontecimientos, justo la víspera de un partido de esos a los que no conviene quitar el ojo en el calendario. A primera hora de la tarde, y antes de emprender viaje a Sevilla, el club daba casi por cerrado la marcha de Del Horno, no al Deportivo -necesitado tras la lesión de Filipe Luis y que lucha por meterse en Champions- sino al Valladolid, cuyo único objetivo es evitar caer en la zona de descenso (ocupa la cuarta plaza por la cola). Hasta ahí más o menos se respiraba cierta sensación de alivio por parte valencianista, ya que, aunque es verdad que el ahorro en la ficha del lateral va a ser mínimo (el Dépor daba aún menos dinero), al menos se consigue meter en dinámica de fútbol al lateral y esperar a que esto sirva de anzuelo de cara al verano.
En el mismo aeropuerto de Manises, el presidente, Manuel Llorente, y el resto de responsables de la entidad escenificaban una aparente calma sobre Fernandes. Ni Inter ni Valencia, 48 horas después de que se destapase la operación, habían hecho oficial la cesión del portugués al club italiano a pesar de que aparentemente «no había ningún tipo de problema». Pero algo no cuadraba.
Vaya si no cuadraba. En realidad, el Valencia sabía desde por la mañana que este fin de semana no se iba a hablar sólo del partido de fútbol que esta noche disputa el equipo en el Sánchez Pizjuán (21 horas). El marrón es más gordo de lo que parece porque el Inter ha recurrido a un argumento médico para dar marcha atrás a Fernandes y decantarse -así se apuntaba desde Italia- por el fichaje del argentino Cristian Ledesma. Lo que dice el Inter es que Fernandes no pasó la revisión médica de manera satisfactoria debido a una tendinitis en el tendón de aquiles de la rodilla. Nada más aterrizar en Sevilla saltó la noticia ante la sorpresa de todos, sobre todo del cuerpo médico valencianista.
Una tendinitis en la rodilla se detecta con una resonancia y es, al fin y al cabo, una inflamación del tendón, percance bastante habitual en los jugadores y que de ser una anécdota ha sido elevado esta vez a categoría de rechazo por parte del Inter. Fernandes se había entrenado con normalidad hasta el mismo jueves por la tarde en Paterna y durante esta temporada no ha tenido ningún problema de esta índole. Además, es un tipo de lesión que con el tratamiento adecuado puede resolverse en pocos días.
Desmentido de Candel
De ahí que de inmediato apareciera la versión de Jorge Candel, jefe de los servicios médicos del club. «Manuel Fernandes está en perfectas condiciones físicas y médicamente está apto para la práctica del fútbol a alto nivel competitivo. No existe ningún motivo médico para no declararle apto para jugar al fútbol, hasta el jueves mismo el futbolista se entrenó de forma regular y plena. De hecho, médicamente estaba apto para ser citado para nuestro propio partido en Sevilla». Esta fue, por desgracia, la única versión que facilitó el Valencia, que prefirió optar por no manifestarse de manera oficial en su página web ni propiciar una declaración mucho más contundente por parte de algún dirigente pese a que, además del propio Fernandes (su deseo era marcharse para coger minutos y acudir al Mundial de Suráfrica con Portugal), el gran perjudicado ha sido el Valencia.
Hay que tener presente que Fernandes va a tener difícil jugar en el equipo de Emery y ahora más complicado todavía convencer a otro club que le abra las puertas. Mañana termina el plazo de fichajes y con la 'jugada' del Inter, cualquier posible equipo que estuviera interesado -no sólo ahora sino también en verano- se puede echar atrás por ese supuesto problema de rodilla.
La consecuencia más inmediata es que ahora Javier Gómez, vicepresidente valencianista, va a tener que preparar a toda prisa el pago de la segunda parte de la ficha (unos 600.000 euros netos) a Fernandes (la plantilla cobrará en breves días), que en un principio iba a corresponder al Inter. Con Del Horno, por cierto, el Valencia se ahorra muy poco. El Valladolid, que no paga más de 600.000 euros por año a sus jugadores, ni de lejos puede llegar a ese sueldazo del lateral, situado en más de dos millones de euros largos y netos que se lleva por temporada. En Pucela quieren presentarlo como blanquivioleta el lunes. Y, presumiblemente, rápidamente se pondrá a jugar para intentar demostrar que no se le ha olvidado jugar al fútbol.
Lo más curioso de este doble capítulo que protagonizó ayer el Valencia fue la forma en la que se fueron desarrollando los acontecimientos, justo la víspera de un partido de esos a los que no conviene quitar el ojo en el calendario. A primera hora de la tarde, y antes de emprender viaje a Sevilla, el club daba casi por cerrado la marcha de Del Horno, no al Deportivo -necesitado tras la lesión de Filipe Luis y que lucha por meterse en Champions- sino al Valladolid, cuyo único objetivo es evitar caer en la zona de descenso (ocupa la cuarta plaza por la cola). Hasta ahí más o menos se respiraba cierta sensación de alivio por parte valencianista, ya que, aunque es verdad que el ahorro en la ficha del lateral va a ser mínimo (el Dépor daba aún menos dinero), al menos se consigue meter en dinámica de fútbol al lateral y esperar a que esto sirva de anzuelo de cara al verano.
En el mismo aeropuerto de Manises, el presidente, Manuel Llorente, y el resto de responsables de la entidad escenificaban una aparente calma sobre Fernandes. Ni Inter ni Valencia, 48 horas después de que se destapase la operación, habían hecho oficial la cesión del portugués al club italiano a pesar de que aparentemente «no había ningún tipo de problema». Pero algo no cuadraba.
Vaya si no cuadraba. En realidad, el Valencia sabía desde por la mañana que este fin de semana no se iba a hablar sólo del partido de fútbol que esta noche disputa el equipo en el Sánchez Pizjuán (21 horas). El marrón es más gordo de lo que parece porque el Inter ha recurrido a un argumento médico para dar marcha atrás a Fernandes y decantarse -así se apuntaba desde Italia- por el fichaje del argentino Cristian Ledesma. Lo que dice el Inter es que Fernandes no pasó la revisión médica de manera satisfactoria debido a una tendinitis en el tendón de aquiles de la rodilla. Nada más aterrizar en Sevilla saltó la noticia ante la sorpresa de todos, sobre todo del cuerpo médico valencianista.
Una tendinitis en la rodilla se detecta con una resonancia y es, al fin y al cabo, una inflamación del tendón, percance bastante habitual en los jugadores y que de ser una anécdota ha sido elevado esta vez a categoría de rechazo por parte del Inter. Fernandes se había entrenado con normalidad hasta el mismo jueves por la tarde en Paterna y durante esta temporada no ha tenido ningún problema de esta índole. Además, es un tipo de lesión que con el tratamiento adecuado puede resolverse en pocos días.
Desmentido de Candel
De ahí que de inmediato apareciera la versión de Jorge Candel, jefe de los servicios médicos del club. «Manuel Fernandes está en perfectas condiciones físicas y médicamente está apto para la práctica del fútbol a alto nivel competitivo. No existe ningún motivo médico para no declararle apto para jugar al fútbol, hasta el jueves mismo el futbolista se entrenó de forma regular y plena. De hecho, médicamente estaba apto para ser citado para nuestro propio partido en Sevilla». Esta fue, por desgracia, la única versión que facilitó el Valencia, que prefirió optar por no manifestarse de manera oficial en su página web ni propiciar una declaración mucho más contundente por parte de algún dirigente pese a que, además del propio Fernandes (su deseo era marcharse para coger minutos y acudir al Mundial de Suráfrica con Portugal), el gran perjudicado ha sido el Valencia.
Hay que tener presente que Fernandes va a tener difícil jugar en el equipo de Emery y ahora más complicado todavía convencer a otro club que le abra las puertas. Mañana termina el plazo de fichajes y con la 'jugada' del Inter, cualquier posible equipo que estuviera interesado -no sólo ahora sino también en verano- se puede echar atrás por ese supuesto problema de rodilla.
La consecuencia más inmediata es que ahora Javier Gómez, vicepresidente valencianista, va a tener que preparar a toda prisa el pago de la segunda parte de la ficha (unos 600.000 euros netos) a Fernandes (la plantilla cobrará en breves días), que en un principio iba a corresponder al Inter. Con Del Horno, por cierto, el Valencia se ahorra muy poco. El Valladolid, que no paga más de 600.000 euros por año a sus jugadores, ni de lejos puede llegar a ese sueldazo del lateral, situado en más de dos millones de euros largos y netos que se lleva por temporada. En Pucela quieren presentarlo como blanquivioleta el lunes. Y, presumiblemente, rápidamente se pondrá a jugar para intentar demostrar que no se le ha olvidado jugar al fútbol.



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