
En el Valencia se respira un aroma de inquietud, de enorme incertidumbre. A falta de una jornada para que caiga el telón de la Liga, a la decepción deportiva se unen las dificultades económicas y el recelo social. Tres capítulos que van de la mano en el camino que lleva la sociedad blanquinegra.
Después de que el equipo echara a la basura en el Calderón la posibilidad de asegurarse la participación en la Champions League de la próxima temporada, el chaparrón del sábado en El Madrigal le ha relegado a la sexta posición, con lo que el acceso a la Copa de la UEFA queda prendido con alfileres, porque el Deportivo aprieta por detrás.
Las dudas en lo deportivo están emparentadas con la inseguridad financiera que rodea a la sociedad. Cuando se habla de venta de activos, enseguida surgen los nombres de los futbolistas de primera fila, como son los casos de los internacionales Villa y Silva.
Y aunque desde el club se ha insistido en que no necesariamente ha de producirse esa marcha, en otros momentos se ha puntualizado que no se descarta nada. Lo que está claro es que ellos y otros compañeros ocupan la primera línea de la parrilla de salida. Son los principales argumentos para generar ingresos.
El Valencia trata de atravesar el océano de dificultades en que está inmerso bajo la premisa del plan de viabilidad económica forjado por el equipo financiero que dirige el consejero delegado, Javier Gómez, con la ampliación de capital social como estandarte.
Hace poco más de un mes, el consejo valencianista decidió poner en circulación cerca de dos millones de acciones, que al valor nominal de 48,08 euros supondrán 92 millones; diez veces más del capital social actual, que está cifrado en 9,2 millones.
Ese es el pilar fundamental en el que se debe asentar la reconstrucción del club. Pero sin olvidar la venta de las parcelas del viejo Mestalla, un asunto que, como dice el presidente Vicente Soriano, está 'embastat', pero que continúa sin cerrarse mientras las obras del futuro estadio siguen paralizadas.
La ampliación, que ante las dificultades para generar otro tipo de ingresos para muchos está considerada la panacea, obligará a los dos mayores accionistas el club, el ex presidente Juan Soler y el actual, Vicente Soriano, a realizar un amplio dispendio si quieren mantener su condición, su poder. 34 millones de euros ha de poner el primero y 11 el segundo.
Ambos aseguraron que respaldaban el proyecto, pero conforme se acerca la fecha se acentúan las dudas, las reuniones y las inquietudes. Además, nadie se olvida de la hostilidad que mantiene Soriano con algunos de sus consejeros que hace un mes estuvieron a punto de enviarlo a casa.
No conviene descartar ninguna actuación. Desde que se anticipe una inmediata venta de las parcelas para frenar la ampliación a que Soler otorgue el poder político de sus títulos a Javier Gómez... o que lo haga a Soriano. A estas alturas, no va a sorprender nada de lo que pase.
Después de que el equipo echara a la basura en el Calderón la posibilidad de asegurarse la participación en la Champions League de la próxima temporada, el chaparrón del sábado en El Madrigal le ha relegado a la sexta posición, con lo que el acceso a la Copa de la UEFA queda prendido con alfileres, porque el Deportivo aprieta por detrás.
Las dudas en lo deportivo están emparentadas con la inseguridad financiera que rodea a la sociedad. Cuando se habla de venta de activos, enseguida surgen los nombres de los futbolistas de primera fila, como son los casos de los internacionales Villa y Silva.
Y aunque desde el club se ha insistido en que no necesariamente ha de producirse esa marcha, en otros momentos se ha puntualizado que no se descarta nada. Lo que está claro es que ellos y otros compañeros ocupan la primera línea de la parrilla de salida. Son los principales argumentos para generar ingresos.
El Valencia trata de atravesar el océano de dificultades en que está inmerso bajo la premisa del plan de viabilidad económica forjado por el equipo financiero que dirige el consejero delegado, Javier Gómez, con la ampliación de capital social como estandarte.
Hace poco más de un mes, el consejo valencianista decidió poner en circulación cerca de dos millones de acciones, que al valor nominal de 48,08 euros supondrán 92 millones; diez veces más del capital social actual, que está cifrado en 9,2 millones.
Ese es el pilar fundamental en el que se debe asentar la reconstrucción del club. Pero sin olvidar la venta de las parcelas del viejo Mestalla, un asunto que, como dice el presidente Vicente Soriano, está 'embastat', pero que continúa sin cerrarse mientras las obras del futuro estadio siguen paralizadas.
La ampliación, que ante las dificultades para generar otro tipo de ingresos para muchos está considerada la panacea, obligará a los dos mayores accionistas el club, el ex presidente Juan Soler y el actual, Vicente Soriano, a realizar un amplio dispendio si quieren mantener su condición, su poder. 34 millones de euros ha de poner el primero y 11 el segundo.
Ambos aseguraron que respaldaban el proyecto, pero conforme se acerca la fecha se acentúan las dudas, las reuniones y las inquietudes. Además, nadie se olvida de la hostilidad que mantiene Soriano con algunos de sus consejeros que hace un mes estuvieron a punto de enviarlo a casa.
No conviene descartar ninguna actuación. Desde que se anticipe una inmediata venta de las parcelas para frenar la ampliación a que Soler otorgue el poder político de sus títulos a Javier Gómez... o que lo haga a Soriano. A estas alturas, no va a sorprender nada de lo que pase.



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