J. V. Aleixandre
Siete al Genk -¿quién es ese?-; cuatro al Cádiz -un Segunda B-; otros cuatro al vecino; y cuatro más al Sporting que se debate entre el ser y no ser -de Primera-. Estos son los grandes festines goleadores con los que el Valencia ha obsequiado este año a los suyos. En todos ellos, teniendo en cuenta la entidad del rival, el equipo cumplió con el expediente. En ninguno de ellos, salvo en el derbi copero que permanecerá imborrable en la memoria -sobre todo de los blaugranas- llevó a cabo uno de esos partidos deslumbrantes, imperecederos. Son ya 39 los combates librados esta temporada, y la gran mayoría han sido puro magro, ni una delicatessen con la que endulzarse la boca. Ante el Stoke, que se limitó a repartir leña y poco más, con la grada entregada y ansiosa de fiesta, otro raquítico 1-0. Lleva Mestalla una temporada absolutamente ascética, como si en lugar de un centro de ocio y diversión en el que dar rienda suelta a las pasiones, fuera un cenobio dedicado a la oración, el recogimiento y la penitencia. Un equipo como el inglés, muy limitado de recursos, se prestaba a que la parroquia gozara de uno de esos choques europeos de antaño, en los que el Valencia aprovechaba para obsequiar a su gente con juego combinativo y goles de diversa factura. Ahora, nada de nada. Al contrario: al no cerrar el partido con un segundo tanto, el Stoke se mantuvo vivo hasta las postrimerías, con la esperanza de poder complicarle la vida a un Valencia que se ha especializado en padecer finales acongojantes. Una vez más, un partido propicio para escribir, ya no digo una página, tan sólo un microrrelato épico, se convirtió en un aburrido expediente administrativo. Igual los futbolistas se estaban reservando para golear al Sevilla. Amén. En medio de ese erial, brotó un signo de esperanza. Asomó Dani Parejo y nos regaló la vista con detalles de sutileza. Con un canto en los dientes, nos dimos, tal era la indigencia que soportamos.
http://www.levante-emv.com/deportes/2012/02/25/mestalla-convento/884464.html
Siete al Genk -¿quién es ese?-; cuatro al Cádiz -un Segunda B-; otros cuatro al vecino; y cuatro más al Sporting que se debate entre el ser y no ser -de Primera-. Estos son los grandes festines goleadores con los que el Valencia ha obsequiado este año a los suyos. En todos ellos, teniendo en cuenta la entidad del rival, el equipo cumplió con el expediente. En ninguno de ellos, salvo en el derbi copero que permanecerá imborrable en la memoria -sobre todo de los blaugranas- llevó a cabo uno de esos partidos deslumbrantes, imperecederos. Son ya 39 los combates librados esta temporada, y la gran mayoría han sido puro magro, ni una delicatessen con la que endulzarse la boca. Ante el Stoke, que se limitó a repartir leña y poco más, con la grada entregada y ansiosa de fiesta, otro raquítico 1-0. Lleva Mestalla una temporada absolutamente ascética, como si en lugar de un centro de ocio y diversión en el que dar rienda suelta a las pasiones, fuera un cenobio dedicado a la oración, el recogimiento y la penitencia. Un equipo como el inglés, muy limitado de recursos, se prestaba a que la parroquia gozara de uno de esos choques europeos de antaño, en los que el Valencia aprovechaba para obsequiar a su gente con juego combinativo y goles de diversa factura. Ahora, nada de nada. Al contrario: al no cerrar el partido con un segundo tanto, el Stoke se mantuvo vivo hasta las postrimerías, con la esperanza de poder complicarle la vida a un Valencia que se ha especializado en padecer finales acongojantes. Una vez más, un partido propicio para escribir, ya no digo una página, tan sólo un microrrelato épico, se convirtió en un aburrido expediente administrativo. Igual los futbolistas se estaban reservando para golear al Sevilla. Amén. En medio de ese erial, brotó un signo de esperanza. Asomó Dani Parejo y nos regaló la vista con detalles de sutileza. Con un canto en los dientes, nos dimos, tal era la indigencia que soportamos.
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