«Dejaron de pagar hasta los recibos del gas de los apartamentos que nos pusieron y estuvimos el último mes sin calefacción ni agua caliente, con temperatuas de cuatro grados bajo cero». Esta historia que cuenta Alex Cortell, futbolista valenciano que militaba hasta hace dos semanas en el Royal Excelsior Mouscron, sintetiza las vicisitudes sufridas por los cinco jugadores españoles que llegaron al club belga de la mano de Amedeo Carboni.
Lo que era un proyecto «ambicioso» e «ilusionante» para José Antonio Salcedo, Carlos David, Manuel Mico, Jonathan Aspas y Alex Cortell se ha convertido seis meses después en una pesadilla.
En la jornada de ayer se hizo oficial lo que en las últimas semanas era un secreto a voces.
El Royal Excelsior Mouscron de Valonia abandonó la liga de fútbol belga, la Jupiler Pro League, acorralado por una deuda de 800.000 euros, dejando sin equipo a sus jugadores, a los que no les pagaba la nónima desde hace dos meses. «Todo comenzó a irnos mal desde hace dos meses», confiesa Carlos David desde la ciudad de Valonia, donde llegó ayer acompañado por Manu Micó para tratar de recuperar sus derechos federativos e intentar, «aunque soy poco optimista», percibir las nóminas que le adeudan.
De momento, «nos dejan vivir estos días en el apartamento que teníamos, aunque el propietario ya nos ha avisado que el día 1 tenemos que estar fuera». Primero se marcharon Amedeo Carboni y Juan Sánchez, después Miroslav Djukic y el preparador físico José Mascarós. Tras la salida del técnico serbio, «nos hicieron la vida imposible». Sin explicación alguna, los españoles que disfrutaban de más minutos, como Carlos David, comenzaron a chupar banquillo, mientras que el resto desapareció de las convotarias. «Llegamos a colocarnos a dos puntos de los puestos europeos, pero entonces a los directivos les entró miedo, porque veían que nos tenían que pagar primas e iban cambiado las alineaciones sin sentido», apunta Alex.
Lo cierto es que en las últimas semanas «los rumores iban en una u otra dirección según días, unos nos decían que había un inversor danés y que el tema estaba solucionado; al siguiente nos comentaban que el club iba a desaparecer, era una tensión increíble», confiesa Carlos David. Hace dos días les comunicaron que el Royal Mouscron Excelsior era historia, al menos en la primera división. Las autoridades belgas son intransigentes con las deudas de los clubes, que cada tres meses deben presentar sus cuentas.
El club de Valonia no se había presentado a los tres últimos encuentros contra el Lokeren, el Círculo de Brujas y el Kortrijk, alegando distintas excusas como el mal estado del terreno de juego, mientras que la plantilla estaba en huelga desde el día de navidad, como protesta por los retrasos en el cobro de las nóminas.«Lo único que queremos ahora es que nos den nuestro tránsfer y podamos buscarnos un club donde jugar hasta final de temporada», indica Manu Micó. Ello y tratar de que tal como recoge la normativa belga, la Federación les abone las fichas de los últimos dos meses, aunque limitándose «al salario mínimo que se percibe el Bélgica».



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